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Haitianos y su odisea migratoria al dejar todo atrás

Haitianos y su odisea migratoria al dejar todo atrás

“Es indignante la forma en la que están tratando a nuestra gente en Estados Unidos, son perseguidos como animales y humillados al grado de burla. Nuestro único crimen es buscar una forma digna de vivir ¿qué daño podemos causarle a los demás? se pregunta Rubén, quien ha experimentado la incertidumbre que trae consigo la migración y los desafíos que implica vivir lejos de su país natal.

En espera de llenar una solicitud para legalmente recibir asilo en México, cientos de haitianos, centroamericanos y sudamericanos hacen fila afuera de la oficina de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), con la esperanza de quedarse un tiempo en México ante la difícil situación que atraviesan para llegar a Estados Unidos.

A sus 27 años, Rubén salió de Haití en busca de mejores condiciones de vida. Su travesía tuvo como primera escala República Dominicana, donde aprendió español, continuó por Panamá, Ecuador y Perú para después llegar a México (su destino por dos años) donde ha realizado múltiples trabajos para subsistir y tratar de alcanzar su meta que es entrar a Estados Unidos, porque en Nueva Jersey tiene un primo que lo espera. Ahí pretende trabajar y estudiar, porque en su país dejó a su padre e hija y espera ofrecerles una mejor vida. 

“Lo más difícil de abandonar tu país es estar lejos de tus seres queridos, me siento impotente y triste al no poder ayudar a mi padre, me duele no estar con mi hija, pero no hay nada más que hacer, mi única opción es llegar a Estados Unidos”, relata mientras espera turno para ser atendido por personal de Comar.

En el exterior de las oficinas de la Comar, decenas de migrantes abarrotan el lugar, grupos de haitianos se concentraban en las aceras en espera de una respuesta. Hombres, mujeres, niños y hasta bebés en brazos de sus padres están en la vía pública aguardando que los atiendan.

«Vengo a solicitar refugio por razones humanitarias y obtener una tarjeta para estar de manera legal en México, yo me salí de mi país porque me intentaron matar y estoy amenazado de muerte», contó Víctor Omar, inmigrante hondureño que ingresó al país en febrero de este año.

El joven hondureño señala a Crónica que espera ahorrar lo suficiente para cruzar a Estados Unidos y llegar a la ciudad de los Ángeles. El joven centroamericano dice que la travesía que para llegar a México no ha sido nada sencilla, pues se ha enfrentado a la discriminación y al racismo.

“No es nada sencillo ignorar los prejuicios, en algunas ocasiones me han agredido diciéndome que regrese a mi país, aunque es algo que me gustaría, pero no hay condiciones dignas para volver”, dice con voz entrecortada.

Al igual que Víctor se encuentran 30 familias más que esperan una cita con autoridades para resolver su situación migratoria.

Marie, madre de 2 niños, comenta que al igual que sus compatriotas, la vida en Haití no es fácil por más que sus habitantes se enfrascan en enfrentarla con optimismo. Para los jóvenes, por ejemplo, es casi imposible conseguir trabajo y ese suele ser uno de los principales motivos para salir del país.

“Aunque uno quiera, no hay trabajo. Nuestro deber como padres es ayudar y darles todo a nuestros hijos. Pero lamentablemente no se puede. No existen trabajos para nosotros”, asegura.

Ahora la mujer espera ser acogida por las autoridades en México, ya que luego de pasar 3 meses rentando una habitación para ella y sus hijas en la colonia Narvarte descubrió que el arrendatario no era dueño legitimo del inmueble, por lo que fue desalojada sin aviso previo.

“Pagamos todo y esas personas no eran los dueños. Eran ladrones. Fue desagradable, con eso aprendí una gran lección, por fortuna algunos de nuestros paisanos nos abrieron sus puertas y gracias a ellos no duermo en la calle”, comenta.

La joven haitiana narra que a pesar de vivir en una habitación rodeada de 6 personas más, cualquier cosa es mejor que dormir en la calle, por lo que espera reunir el dinero suficiente para contratar los servicios de un pollero y cruzar a Estados Unidos.

Alexander, otro haitiano de los solicitantes de asilo en México contó a este diario que luego de impartir clases en su país tuvo que dejar toda su vida atrás después de que el crimen organizado lo amenazara.

“Dejé mi casa, mi trabajo e incluso a mi familia, ni siquiera los maestros estamos exentos de la situación tan difícil por la que atraviesa el país, invertí mis pocos ahorros esperando encontrar una mejor vida en México pero me equivoque”, expresa el docente con un perfecto español el cual dice, aprendió en Chile.

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